Introducción de Las Sagradas Escrituras Version Antigua transcrita y puesta en español actual por Russell Martin Stendal en su revisión de 1996, así como un Glosario (antiguo) y dos notas de los Editores de tal revisión: Las Sagradas Escrituras Version Antigua Traducida de los Textos Originales en Hebreo y Griego al Español por Casiodoro de Reina (1569) Apoyada en el Nuevo Testamento de Francisco de Enzinas (1543) y en el Nuevo Testamento con Salmos y Proverbios de Juan Pérez de Pineda (1556) Y cotejada posteriormente con la revisión de Cipriano de Valera (1602) y con subsiguientes revisiones con el fin de actualizar la ortografía y la gramática sin perder el sentido de la traducción original. "La Palabra del Dios nuestro permanece para siempre". (Isaías 40:8). Copyright (c) 1999, Russell Martin Stendal Esta Biblia puede ser usado libremente siempre y cuando su contenido no sea alterado. (This Bible may be used freely provided that the contents are not altered). Colombia Para Cristo Apartado Aéreo 95.300 Santafé de Bogotá, Colombia telefax 346-1419 Primera Edición Marzo de 1996 Impreso en Colombia AMONESTACION del Traductor de los Sacros Libros al Lector y a toda la Iglesia del Señor: Cristiano lector: Intolerable cosa es a Satanás, padre de mentira, y autor de tinieblas, que la verdad de Dios y su luz se manifieste en el mundo; porque sólo por este camino es desecho su engaño; se desvanecen sus tinieblas, y se descubre toda la vanidad sobre la cual su reino es fundada, y de allí está cierta su ruina: y los míseros hombres que tiene ligados en muerte con prisiones de ignorancia, enseñados con la divina luz, se le salen de su prisión a vida eterna, y a libertad de hijos de Dios. De aquí viene, que aunque por la condición de su maldito ingenio aborrezca y persiga todo medio encaminado a la salud de los hombres, con singulares diligencias y fuerza siempre ha resistido, y no cesa, ni cesará de resistir (hasta que Dios lo frene del todo) a los libros de la Sagrada Escritura; porque sabe muy bien por la larga experiencia de sus pérdidas, cuán poderoso instrumento es este para deshacer sus tinieblas en el mundo, y echarlo de su vieja posesión. Largo discurso sería necesario hacer para recitar ahora las persecuciones que la Sagrada Escritura ha sufrido en otros tiempos, y los cargos infames que le ha hecho, por los cuales no pocas veces ha alcanzado a casi desarraigarlos del mundo; y lo hubiera alcanzado sin duda, si la luz que en ellos está encerrada, no tuviese su origen y fuente más alto que este sol, y que no consistiese en solo los libros como todas las otras disciplinas humanas; de donde viene que pereciendo los libros en que están guardadas, o por la condición de los tiempos, o por otros casos mundanos, ellas también perezcan; y si alguna restauración tienen después, es en cuanto se hallan algunas reliquias, con que ayudado el ingenio humano las resucita. Mas porque la fuente de esta divina luz es el mismo Dios, y su intento es propagarla en este abismo de tinieblas, de aquí, que aunque muchas veces por cierto consejo suyo permita a Satanás la potestad sobre los sagrados libros, y aunque él los queme todos, y aun también mate a todos los que ya participaron de aquella celestial sabiduría, quedándonos la fuente sana y salva, (como no puede tocar en ella) la misma luz al fin vuelve a ser restaurada con gran victoria, y él queda frustrado y avergonzado de sus diligencias. Por ser pues este su pertinaz ingenio contra la divina palabra, estamos ciertos que no lo dejará de seguir en esta obra presente, y que en cuanto ella es más necesaria a la Iglesia del Señor, tanto más él se desvelará en despertar contra ella toda suerte de enemigos, extraños y domésticos; los de lejos y los de cerca. Los de lejos, hace días que están despiertos para impedir toda versión vulgar de la Santa Escritura, a título de que los sagrados misterios no han de ser comunicados al vulgo, y que es ocasión de errores en él, &c. De cerca, no le faltarán otros supuestos, que con títulos algo más sutiles y aparentes se levanten contra ella, aunque por ventura a los unos y a los otros no les falte buena intención, y celo, como muchas veces acontece, que con buenas intenciones pero por falta de mejor enseñanza pensando servir a Dios, sirven al demonio y a sus intentos. En cuanto a los primeros, no determinamos por ahora tratar la cuestión, si es conveniente o no, que la ley de Dios, y todo el cuerpo de su palabra, ande de manera que pueda ser entendida por todos, remitiéndonos a otros muchos que antes de nosotros la han tratado copiosa y acertadamente. Bastará por ahora amonestarles con toda caridad y humildad, que si son Cristianos, y tienen verdadero celo de la gloria de Dios y de la salud de los hombres, como quieren que se entienda de ellos, miren lo primero, que de lo uno y de lo otro la Palabra de Dios contenida en los sacros libros es el verdadero y legítimo instrumento, y que por tal razón Dios lo ha comunicado al mundo para ser por él conocido y honrado de todos, y que por esta vía tengan salud; y esto sin excluir de esta universalidad ni doctos ni indoctos, ni esta lengua ni la otra. De donde es necesario que concluyan: Que prohibir la divina Escritura en lengua vulgar no se puede hacer sin singular injuria de Dios, e igual daño a la salud de los hombres, lo cual es pura obra de Satanás y de los que él tiene a su servicio. Miren lo segundo, que hacen gran vergüenza a la misma Palabra de Dios en decir que los misterios que contiene no se hayan de comunicar al vulgo. Porque las supersticiones e idolatrías todas con que el diablo ha enloquecido al mundo, y extraviándolo del conocimiento y culto de su verdadero Dios, trajeron siempre este pretexto de falsa reverencia. Y tenía razón el inventor de ellas en esto, porque si quería que sus abominaciones permaneciesen algo en el mundo, necesario era que el vulgo no las entendiese, sino sólo aquellos a quienes eran provechosas para sustentar sus vientres y gloria. Los misterios de la verdadera Religión son al contrario, pues quieren ser vistos y entendidos de todos, porque son luz y verdad; y porque siendo ordenados para la salud de todos, el primer grado para alcanzarla necesariamente es conocerlos. Consideren en tercer lugar, que no le hacen menor afrenta en decir que sean ocasión de errores, porque la Luz y la Verdad (si confiesan que la Palabra de Dios lo es) a nadie puede engañar ni entenebrecer. Y si algunas veces lo hace (como no negamos que lo haga y muchas) de alguna otra parte debe venir el mal; no de su ingenio y naturaleza, que es quitar la tiniebla, descubrir el error, y deshacer el engaño. El Profeta Isaías claramente dice que su profecía no es para dar luz a todos, sino para cegar los ojos del Pueblo, agravar sus oídos, y embotar su corazón, para que no vean ni oigan la Palabra de Dios, y se conviertan y reciban sanidad; quien por evitar estos males mandaría entonces al Profeta que se callase, y le cerraría la boca, viendo que hiciera cosa conforme a la voluntad de Dios, y al bien de su Iglesia; mayormente diciendo él mismo otras muchas veces, que su profecía es luz para los ciegos, consuelo para los afligidos, esfuerzo para los cansados, &c. ¿Y qué hablamos de Isaías? El mismo Señor dice, que vino al mundo para juicio, para que los que no ven vean, y los que ven sean ciegos. Le mandaron luego los padres de la fe de entonces que callase, por evitar el daño de los que de su predicación habían de salir más ciegos. De él dice Simeón, que viene para levantamiento, y también para ruina de muchos. Lo mismo había dicho de él el Profeta Isaías. Por lazo (dice) y por ruina a las dos casas de Israel, y de ellos tropezarán muchos, &c. Lo mismo dice el Apóstol de la predicación del Evangelio, que a unos es olor vital, a otros olor mortal. ¿Sería luego buena prudencia quitarlo del mundo, quitando a los buenos el único medio por donde se han de salvar, por quitar la ocasión de hacerse peores a los que se pierdan, y de suyo están ya señalados para perdición? Miren lo cuarto: Que el estudio de la divina Palabra es cosa encomendada y mandada por Dios a todos, por tantos y tan claros testimonios del Viejo y Nuevo Testamento, que sin muy largo discurso no se podrán aquí recitar; de donde queda claro que no puede ser sin impiedad inexcusable, que el mandamiento de Dios, tantas veces repetido, y tan necesario a los hombres, sea dejado y anulado por una tan flaca razón; y que sin ningún pretexto, por santo que parezca, puede excusar, que si Dios la dio para todos, no sea una tiranía execrable que a los más la quiten; y falta de juicio es (si pretenden buena intención) que la habilidad para poder gozar de ella, sea saber latín solamente, como si sólo los que lo saben, por el mismo caso sean ya los más prudentes y píos: y los que no lo saben, los más puestos a los peligros, que dicen, que temen. ¿Si es la verdadera sabiduría, quién la necesita más que los más ignorantes? Si es Palabra de Dios, insigne injuria se hace a Dios, a ella, y a los buenos, que por el abuso de los malos, se le quite su libertad de correr por las manos de los que podrían usar bien de ella, y sacar los frutos para los cuales Dios la dio. Perverso juicio es que por evitar el inconveniente de los errores, que dicen, en algunos, priven a todos del medio con que podrían salir de la ignorancia, errores, herejías, idolatría, pecado, y toda corrupción, e iniquidad en que nacimos, y fuimos criados, y de que nuestra corrupta naturaleza se abreva (como dice Job) como peces del agua. Si es Luz, a la luz resiste todo hombre que le impide salir en público para lumbre y alegría de todos; y tinieblas se debe llamar y mentira, porque a la luz y a la verdad no resiste ni pone impedimento, sino la tiniebla y mentira. Si es candela, a cuya lumbre el hombre ciego y habitante en esta caverna tenebrosa encamine seguramente sus pasos, visto es pretender de tener los hombres en su ceguera, el que no quiere que les sea comunicada con aquella abundancia con que ella se da. Si es escudo a todos los que en ella ponen su esperanza, espada con que el Apóstol arma al Cristiano para defenderse y ofender a sus enemigos en toda suerte de tentación, desarmado y por consiguiente vencido y muerto de mano del diablo lo quiere, quien se la quita que no la tenga tan copiosa y tan a la mano, cuanto son muchas y continuas sus tentaciones. Si es útil para enseñar en la ignorancia, para redargüir en el error, para reprender en el pecado, para enseñar a la justicia, para perfeccionar al Cristiano, y hacerlo hábil y pronto a toda buena obra, fuera de todo buen enseñamiento, y de toda buena y Cristiana disciplina lo quiere, el error, el pecado, y la confusión en lo sacro y en lo profano ama y desea, el que en todo o en parte sepulta las divinas Escrituras; y sepultándolas en parte da a entender bien claro lo que haría del todo si pudiese, o esperase salir con ello. Estas razones son claras, y se dejan entender de todos, no obstante todos los hermosos pretextos que se podrán traer en contrario, que no son muchos; y el más dorado es el que hemos dicho, tan frío que ni aun con humana razón es digno de que se contienda mucho contra él, porque está claro que ningún hombre de sano juicio habrá, que de veras diga: Que un gran bien, y mayormente tan necesario a todos, dado de Dios para común uso de todos, se deba prohibir en todo ni en parte por el abuso que los malos ingenios pueden tener de él. Por monstruo de desvarío, enemigo del linaje humano, sería tenido justamente el rey o príncipe, que porque hay muchos que usan mal del pan, del agua, del vino, del fuego, de la luz, y de las otras cosas necesarias a la vida humana, o las prohibe del todo, o hiciese tal estanco de ellas que no se diesen si no muy caras, y con gran escasez. La Palabra de Dios tiene todos estos títulos, porque también tiene los mismos efectos para el alma, miren pues los príncipes del mundo, en qué opinión quieren ser tenidos haciéndola pasar por tan inicua condición. Finalmente como quiera que sea, es necesario que se resuelvan: Que ni las disputas inoportunas, ni las defensas violentas, ni los pretextos cautelosos, ni el fuego, ni las armas, ni toda la potencia del mundo junta podrá ya resistir, que la Palabra de Dios no corra por todo tan libremente como el sol por el cielo, como ya lo vamos todos probando por experiencia; y sería prudencia no poca aprender de lo experimentado para lo porvenir, y tomar otros consejos. Ni nos dejemos engañar más con los pretextos dichos, porque no se encubre mucho lo que el diablo pretende con ellos, aunque los que los han puesto tengan cuanta buena intención quisieron, por lo menos esto es necesario que esté fuera de disputa, Que habiendo dado Dios su Palabra a los hombres, y queriendo que sea entendida y puesta en efecto por todos, ningún buen fin puede pretender el que la prohibiere en cualquier lengua que sea. Casiodoro de Reina -- 1569 De la edición original de Casiodoro de Reina, solamente tenemos conocimiento de tres copias que sobrevivieron a la hoguera de la Inquisición. Muchas Biblias fueron quemadas junto con sus dueños. Pero cuando el diablo supo que no podía parar subsiguientes ediciones de la Biblia en español, se vió obligado a cambiar de táctica. Valiéndose de las buenas intenciones de muchos para actualizar, modernizar, y simplificar la Biblia en español, en cada revisión el enemigo logró sembrar su cizaña, ocultando parcialmente la luz y la verdad de la palabra de Dios, y poco a poco quitando el filo de la espada del Cristiano. Es nuestra intención presentarles la Palabra de Dios en ortografía y gramática actualizadas, pero con toda la fuerza y unción que fue derramada sobre Casiodoro de Reina, erudito del Hebreo y Griego; un hombre escogido por Dios para ser el traductor de la Biblia al español. Los Editores -- 1996 GLOSARIO -------- Arrepentimiento. Es esencial para la salvación (Hechos 17:30); implica dar la media vuelta para cambiar de rumbo hacia la enmienda, con el fin de hacer solamente la voluntad de Dios, y se manifiesta con los "frutos del arrepentimiento" (restitución). (Lucas 3:3-18; Hechos 17:30). Buen Fruto. Por sus frutos los conoceréis - el fruto del Espíritu Santo se manifestará en la vida de todo cristiano auténtico. (Efesios 5:9). Buenas Obras. Son iniciadas por el Espíritu Santo, según la voluntad de Dios y se hacen a la manera de Dios y con el poder de Dios. (Santiago 2:20). Caridad. Entender y vivir el amor ágape (que redime, el amor vertical). Viene solamente cuando la vida de Dios se manifiesta en el ser humano; el hombre no lo tiene en sí mismo, ni lo puede obtener por su propia cuenta. Nace del sacrificio y no de las emociones humanas. La caridad es esencial para que nuestro amor humano, horizontal (fileos) sea saludable. Vean como se aman los unos a los otros, listos a dar la vida por los hermanos, sentir compasión por unos hermanos en dificultades tal como si fueran las propias. (1 Corintios cap. 13). Carnalidad. Si vives según la carne morirás. (Romanos 8:13). Concupiscencia. Apetito, o deseo de los bienes terrenos. Apetito desordenado por los deseos de la carne. (Santiago 1:15). Creer o tener Fe. Es más que un reconocimiento mental de hechos históricos. La verdadera fe obra obediencia a Dios (Gálatas 3:2-11) y es dependencia total en él para que su gracia obre en nosotros. Se requiere arrepentimiento y fe (obediencia) para recibir el don del Espíritu Santo. (Hechos 2:38). Cristo. Mesías, Ungido; el que tiene toda Potestad. (Mateo 28:18). Es esencial que Jesús, el Cristo, sea nuestro único amo y Señor. (Joel 2:32). Elección. La palabra en griego significa selección. Muchos son llamados, pero pocos son escogidos. Sienten su llamado y elección seguros por una serie de pasos dirigidos por Dios. (2 Pedro 1:1-11). Espíritu Santo. El Consolador (Juan 14:16-18). Hay que "nacer de nuevo" por el Espíritu de Dios. La gracia de Dios puede obrar en nosotros mediante el arrepentimiento (de nuestras propias obras muertas) y la fe (dependencia total en Jesús, el Cristo, para obrar en nosotros). El auténtico Espíritu Santo obra santidad en nosotros para que podamos conocer plenamente a Dios. Evangelio. Las buenas nuevas: que podemos someternos a un nuevo Rey y no tenemos que servir a la carne, al mundo, o a Satanás ni un momento más. (Marcos 1:1; 1:14,15; 13:10; 16:15). Gentiles. Gente; paganos, inconversos; incircuncisos de carne y/o de corazón. (Jeremías 9:26). Gracia. La potencia de Dios - Dios hará por usted lo que usted reconoce que no puede hacer por sí mismo para hallar arrepintimiento, liberación , y todos los recursos necesarios para vivir plenamente en santidad, comunicado con Dios. (Romanos 7:25-8:39). Justicia (rectitud). La justicia actual, que sigue siendo la justicia de Cristo que obra en la vida diaria del creyente por la fe, mediante los recursos del Espíritu Santo. (Isaías 54:14-17; 1 Juan 2:29). Perfección. Madurez: que no falta nada. La meta principal de la vida cristiana. (Hebreos 6:1). Potencia. Virtud para hacer una cosa, para producir un efecto. Es el poder bajo control dirigido a un fin específico. Para que los dones del poder de Dios nos sean de provecho eterno, deben ser sometidos a la potestad de Jesús, para que seamos dirigidos por su Santo Espíritu y no por las concupiscencias de nuestra carne. (Isaías 9:7; 1 Corintios 14:40). Salud. Salvación del poder del pecado para seguir la voluntad de Dios; que da como resultado la vida en Cristo ahora para bienestar de nuestro cuerpo, alma y espíritu; más vida eterna como posesión definitiva en el juicio final. (Hebreos 2:3; Romanos 10:10). Vida Eterna. Jesús, el Cristo, es la vida eterna, si lo tenemos a él, tenemos la vida. (1 Juan 5:10-13). Vivir Guiados por el Espíritu. Los que son guiados por el Espíritu de Dios son los hijos de Dios. (Romanos 8:14). Sobreedificados sobre el fundamento de los Apóstoles y de los Profetas, en la principal piedra del ángulo, JESUS, el Cristo; En la cual compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un Templo santo al Señor: En el cual vosotros también sois juntamente edificados, por morada de Dios en el Espíritu Santo. (Efesios 2:20-22). Nota del Editor Hemos hecho un esfuerzo para preservar el énfasis del original referente a mayúsculas, palabras en bastardilla y/o en [llaves]. Se emplea la bastardilla cuando, a criterio del traductor, la palabra es necesaria en cuanto al buen español, pero no figura en el manuscrito del idioma original. Las palabras en llaves son aclaraciones hechas por el traductor para evitar que se mal entienda la frase. La puntuación y la ortografía tienen el propósito principal de preservar el sentido y el conjunto demostrado en los manuscritos originales, y no necesariamente según las normas del español moderno. El traductor original transcribió el Nombre de Dios al español como Jehová; Nombre que aparece en los manuscritos hebreos de las Sagradas Escrituras con cuatro consonantes (sin vocales) YHWH (o JHVH) y se traduce de manera literal al español como YO SOY (según Exodo 3:14). Así mismo figura en el idioma griego en algunas citas del Nuevo Testamento (vean Marcos 12:26, 14:62, Lucas 22:70, Juan 4:26; 6:35,41; 8:18,24,28,58; 11:25; 18:5-8; Apocalipsis 1:8,11,17; 2:23; 21:6; 22:13,16). Los antiguos consideraban que el Nombre de Dios era demasiado sagrado para pronunciar y entonces leian "Adonai" o Señor cada vez que encontraban los cuatro consonantes del tetragramaton. Tradición seguido por nuestro Señor Jesús y por los apóstoles en el Nuevo Testamento cuando citaban las Escrituras del Antiguo Testamento. En esta obra hemos continuado en la tradición del Nuevo Testamento en cuanto a las citas del Antiguo Testamento y así el nombre que aparece en los manuscritos originales como YHWH esta siempre escrita en mayúsculas pequeñas como SEÑOR, DIOS, o YO SOY según el caso. Esperamos que esta explicación ayude a aclarar la polémica acerca de la transcripción castellana del Nombre sagrado (y dejamos al lector en libertad para pronunciar el Nombre de Dios a su conciencia) si todos reconocemos que hay un solo YO SOY y sólo mediante el arrepentimiento y la fe podemos hallar nuestra existencia en El eternamente. Ilustres hombres de Dios a través de los siglos han encontrado múltiples aplicaciones del mensaje profético de la Palabra de Dios; sea a la Israel natural, a la Israel espiritual (la Iglesia), o a la vida diaria del cristiano. Como acabamos de ver referente al Nombre de Dios, es útil entender el significado literal y espiritual de los nombres propios usados en las Sagradas Escrituras para mayor comprensión de cada faceta del mensaje divino. (c) 1996, Russell Martin Stendal Tomado del www.onlinebible.net módulo: SEV.EXE Las Sagradas Escrituras Version Antigua Revised 1999 GÉNESIS CAPÍTULO 1 1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas [estaban] sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4 Y vio Dios que la luz [era] buena; y apartó Dios a la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche; y fue la tarde y la mañana un día. 6 Y dijo Dios: Sea [un] extendimiento en medio de las aguas, y haya apartamiento entre aguas y aguas. 7 E hizo Dios un extendimiento, y apartó las aguas que [estaban] debajo del extendimiento, de las aguas que [estaban] sobre el extendimiento; y fue así. 8 Y llamó Dios al extendimiento Cielos; y fue la tarde y la mañana el día segundo. 9 Y dijo Dios: Júntense las aguas que [están] debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco; y fue así. 10 Y llamó Dios a lo seco Tierra, y al ayuntamiento de las aguas llamó Mares; y vio Dios que [era] bueno. 11 Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que haga simiente; árbol de fruto que haga fruto según su naturaleza, que su simiente [esté] en él sobre la tierra; y fue así. 12 Y produjo la tierra hierba verde, hierba que hace simiente según su naturaleza, y árbol que hace fruto, cuya simiente [está] en él según su naturaleza; y vio Dios que [era] bueno. 13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero. 14 Y dijo Dios: Sean luminarias en el extendimiento de los cielos para apartar el día y la noche; y sean por señales, y por tiempos [determinados], y por días y años; 15 y sean por luminarias en el extendimiento de los cielos para alumbrar sobre la tierra; y fue así. 16 E hizo Dios las dos luminarias grandes; la luminaria grande para que señorease en el día, y la luminaria pequeña para que señorease en la noche, y las estrellas. 17 Y las puso Dios en el extendimiento de los cielos, para alumbrar sobre la tierra, 18 y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas; y vio Dios que [era] bueno. 19 Y fue la tarde y la mañana el día cuarto. 20 Y dijo Dios: Produzcan las aguas [gran cantidad de] criaturas de alma viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, sobre la faz del extendimiento de los cielos. 21 Y creó Dios los grandes dragones, y todo animal [que vive], que las aguas produjeron según sus naturalezas, y toda ave de alas según su naturaleza; y vio Dios que [era] bueno. 22 Y Dios los bendijo diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y las aves se multipliquen en la tierra. 23 Y fue la tarde y la mañana el día quinto. 24 Y dijo Dios: Produzca la tierra alma viviente según su naturaleza, bestias y serpientes, y animales de la tierra según su naturaleza; y fue así. 25 E hizo Dios animales de la tierra según su naturaleza, y bestias según su naturaleza, y todas [las] serpientes de la tierra según su naturaleza; y vio Dios que [era] bueno. 26 Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en toda serpiente que [se] anda arrastrando sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios; y les dijo Dios: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 29 Y dijo Dios: He aquí os he dado toda hierba que hace simiente, que [está] sobre la faz de toda la tierra; y todo árbol en que [hay] fruto de árbol que haga simiente, os serán para comer. 30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se mueve sobre la tierra, en que hay ánima viviente, toda verdura de hierba verde [les] será para comer; y fue así. 31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que [era] bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. CAPÍTULO 2 1 Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento. 2 Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. 3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda su obra que había creado Dios en perfección. 4 Estos [son] los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que el SEÑOR Dios hizo la tierra y los cielos, 5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque el SEÑOR Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni [aun había] hombre para que labrase la tierra; 6 Y [un] vapor subía de la tierra, que regaba toda la faz de la tierra. 7 Formó, pues, El SEÑOR Dios al hombre [del] polvo de la tierra, y sopló en su nariz [el] aliento de vida; y fue el hombre un alma viviente. 8 Y había plantado el SEÑOR Dios [un] huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que formó. 9 Había también hecho producir el SEÑOR Dios de la tierra todo árbol deseable a la vista, y bueno para comer, y el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de [la] ciencia del bien y del mal. 10 Y salía [un] río de Edén para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro cabezas. 11 El nombre del uno [era] Pisón; éste [es] el que cerca toda la tierra de Havila, donde hay oro; 12 y el oro de aquella tierra [es] bueno; [hay] allí [también] bedelio y piedra cornerina. 13 El nombre del segundo río [es] Gihón; éste [es] el que cerca toda la tierra de Etiopía. 14 Y el nombre del tercer río [es] Hidekel; éste [es] el que va hacia el oriente de Asiria. Y el cuarto río [es el] Eufrates. 15 Tomó, pues, el SEÑOR Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrase y lo guardase. 16 Y mandó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; 17 mas del árbol de [la] ciencia del bien y del mal, no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás. 18 Y dijo el SEÑOR Dios: No [es] bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda que [esté] delante de él. 19 Formó, pues, el SEÑOR Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán, para que viese cómo les había de llamar; y todo lo que Adán llamó al alma viviente, es [ese] su nombre. 20 Y puso Adán nombres a toda bestia y ave de los cielos, y a todo animal del campo; mas para Adán no halló ayuda que estuviese delante de él. 21 Y el SEÑOR Dios hizo caer sueño sobre el hombre, y se adormeció; entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar; 22 y edificó el SEÑOR Dios la costilla que tomó del hombre, en mujer, y la trajo al hombre. 23 Y dijo el hombre: Esta vez, hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del Varón fue tomada. 24 Por tanto, el varón dejará a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer, y serán por una carne. 25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. CAPÍTULO 3 1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios dijo: No comáis de ningún árbol del huerto? 2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto comemos; 3 mas del fruto del árbol que [está] en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni tocaréis en él, para que no muráis. 4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis. 5 Mas sabe Dios, que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal. 6 Y vio la mujer que el árbol [era] bueno para comer, y que [era] deseable a los ojos, y árbol de codicia para entender; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, y comió con ella. 7 Y fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que [estaban] desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron cintas para ceñir. 8 Y oyeron la voz del SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y se escondió el hombre y su mujer de delante del SEÑOR Dios entre los árboles del huerto. 9 Y llamó el SEÑOR Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde [estás] tú? 10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. 11 Y le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste, ella me dio del árbol, y comí. 13 Entonces el SEÑOR Dios dijo a la mujer: ¿Qué [es] esto [que] hiciste? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. 14 Y el SEÑOR Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás más que todas las bestias y que todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida; 15 y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; ella te herirá la cabeza, y tú le herirás el calcañar. 16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y a tu marido [será] tu deseo, y él se enseñoreará de ti. 17 Y al hombre dijo: Por cuanto escuchaste la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él. Maldita [será] la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; 18 espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo; 19 en el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado. Porque polvo eres, y al polvo serás tornado. 20 Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos lo vivientes. 21 Y el SEÑOR Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. 22 Y dijo el SEÑOR Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, para que no meta su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre; 23 y lo sacó el SEÑOR del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. 24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una llama de cuchillo que andaba en derredor para guardar el camino del árbol de la vida. CAPÍTULO 4 1 Y conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He ganado varón por el SEÑOR. 2 Y otra vez dio a luz a su hermano Abel. Y fue Abel pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. 3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra presente al SEÑOR. 4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró el SEÑOR a Abel y a su presente; 5 y a Caín y a su presente no miró. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. 6 Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué se ha inmutado tu rostro? 7 Cierto que si bien hicieres, será acepto; y si no hicieres bien, a las puertas duerme el pecado, y a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. 8 Y habló Caín a su hermano Abel; y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató. 9 Y El SEÑOR dijo a Caín: ¿Dónde [está] Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo guarda de mi hermano? 10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. {sangre: Heb. sangres} 11 Ahora pues, maldito [seas] tú de la tierra que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano de tu mano: 12 Cuando labrares la tierra, no te volverá a dar su fuerza; vagabundo y extranjero serás en la tierra. 13 Y dijo Caín al SEÑOR: Grande [es] mi iniquidad para perdonar. 14 He aquí me echas hoy de la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé; y seré vagabundo y extranjero en la tierra; y será que cualquiera que me hallare, me matará. 15 Y le respondió el SEÑOR: Cierto que cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces el SEÑOR puso señal en Caín, para que no lo hiriese cualquiera que le hallara. 16 Y salió Caín de delante del SEÑOR, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. 17 Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó [una] ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. 18 Y a Enoc nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. 19 Y tomó para sí Lamec dos mujeres: el nombre de la una [fue] Ada, y el nombre de la otra Zila. 20 Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas, y [crían] ganados. 21 Y el nombre de su hermano [fue] Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y órgano. 22 Y Zila también dio a luz a Tubal-Caín, acicalador de toda obra de bronce y de hierro: y la hermana de Tubal-Caín fue Naama. 23 Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Que varón mataré por mi herida, y [un] joven por mi golpe; 24 que siete veces será vengado Caín, mas Lamec setenta veces siete. 25 Y conoció aún Adán a su mujer, [la cual] dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set; porque Dios [(dijo ella)] me ha dado otra simiente por Abel, al cual mató Caín. 26 Y a Set también le nació [un] hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces comenzó a ser invocado el nombre del SEÑOR. CAPÍTULO 5 1 Este es el libro de la descendencia de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a la semejanza de Dios lo hizo; 2 macho y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. 3 Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró [un hijo] a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. 4 Y fueron los días de Adán, después que engendró a Set, ochocientos años; y engendró hijos e hijas. 5 Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. 6 Y vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. 7 Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años; y engendró hijos e hijas. 8 Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió. 9 Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. 10 Y vivió Enós después que engendró a Cainán, ochocientos quince años; y engendró hijos e hijas. 11 Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió. 12 Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel. 13 Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel, ochocientos cuarenta años; y engendró hijos e hijas. 14 Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió. 15 Y vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared. 16 Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años; y engendró hijos e hijas. 17 Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió. 18 Y vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc. 19 Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años; y engendró hijos e hijas. 20 Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió. 21 Y vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. 22 Y anduvo Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años; y engendró hijos e hijas. 23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. 24 Y anduvo Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. 25 Y vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. 26 Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años; y engendró hijos e hijas. 27 Fueron, pues, todos los días de Matusalén, novecientos sesenta y nueve años; y murió. 28 Y vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró [un] hijo; 29 y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos consolará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos de la tierra, a la cual el SEÑOR maldijo. 30 Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años; y engendró hijos e hijas. 31 Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió. 32 Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam, y a Jafet. CAPÍTULO 6 1 Y acaeció [que], cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, 2 viendo los hijos de Dios las hijas de los hombres que eran hermosas, tomaron mujeres, escogiendo entre todas. 3 Y dijo el SEÑOR: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él [es] carne; mas serán sus días ciento veinte años. 4 Había gigantes en la tierra en aquellos días; y también después que entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron [hijos], éstos [fueron] los valientes, que desde la antigüedad [fueron] varones de nombre. 5 Y vio el SEÑOR que la malicia de los hombres [era] mucha sobre la tierra, y [que] todo el intento de los pensamientos del corazón de ellos ciertamente [era] malo todo el tiempo. 6 Y se arrepintió el SEÑOR de haber hecho hombre en la tierra, y le pesó en su corazón. 7 Y dijo el SEÑOR: Raeré los hombres que he creado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el animal y hasta el ave de los cielos; porque me arrepiento de haberlos hecho. 8 Pero Noé halló gracia en los ojos del SEÑOR. 9 Estas [son] las generaciones de Noé: Noé, varón justo, perfecto fue en sus generaciones; con Dios anduvo Noé. 10 Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam, y a Jafet. 11 Y se corrompió la tierra delante de Dios, y se llenó la tierra de violencia. 12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. 13 Y dijo Dios a Noé: El fin de toda carne ha venido delante de mí; porque la tierra está llena de violencia delante de ellos; y he aquí que yo los destruyo a ellos con la tierra. 14 Hazte un arca de madera de cedro; harás apartamientos en el arca y la embetunarás con brea por dentro y por fuera. 15 Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura. 16 Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de elevación por la parte de arriba; y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero. 17 Y, he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que [hay] en la tierra morirá. 18 Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, y tus hijos, y tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. 19 Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada uno meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. 20 De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo animal de la tierra según su especie, dos de cada uno entrarán a ti para que haya vida. 21 Y tú tómate toda vianda que se come, y júntatela, y será para ti y para ellos por mantenimiento. 22 E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Dios; así [lo] hizo. CAPÍTULO 7 1 Y el SEÑOR dijo a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca, porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación. 2 De todo animal limpio te tomarás de siete pares, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, dos, macho y su hembra. 3 También de las aves de los cielos de siete pares, macho y hembra; para guardar en vida la simiente sobre la faz de toda la tierra. 4 Porque [pasados] aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días, y cuarenta noches; y raeré toda sustancia que hice de sobre la faz de la tierra. 5 E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó el SEÑOR. 6 Y [siendo] Noé de seiscientos años, el diluvio de las aguas fue sobre la tierra. 7 Y vino Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él al arca, por las aguas del diluvio. 8 De los animales limpios, y de los animales que no [eran] limpios, y de las aves, y de todo lo que anda arrastrándose sobre la tierra, 9 De dos en dos entraron a Noé en el arca: macho y hembra, como mandó Dios a Noé. 10 Y fue, que al séptimo día las aguas del diluvio fueron sobre la tierra. 11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo a los diecisiete días del mes; aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las ventanas de los cielos fueron abiertas; 12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 13 En este mismo día entró Noé, y Sem, y Cam y Jafet, hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos con él en el arca; 14 ellos y todos los animales según sus especies, y todas las bestias según sus especies, y todo animal que anda arrastrándose sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, todo pájaro, toda cosa de alas. 15 Y vinieron a Noé al arca, de dos en dos, de toda carne, en que [había] espíritu de vida. 16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios: y cerró Dios sobre él. 17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas se multiplicaron, y alzaron el arca, y fue alzado de sobre la tierra. 18 Y prevalecieron las aguas, y [se] multiplicaron en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la faz de las aguas. 19 Y las aguas prevalecieron mucho en gran manera sobre la tierra; y todos los montes altos que [había] debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. 20 Quince codos encima prevalecieron las aguas; y fueron cubiertos los montes. 21 Y murió toda carne que anda arrastrándose sobre la tierra, en las aves, y en las bestias, y en los animales, y en toda criatura que anda arrastrándose sobre la tierra, y en todo hombre; 22 todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, de todo lo que [había] en la tierra, murió. 23 Así rayó toda la sustancia que [había] sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, hasta el animal, y hasta el ave del cielo; y fueron raídos de la tierra; y quedó solamente Noé, y los que con él [estaban] en el arca. 24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días. CAPÍTULO 8 1 Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que [estaban] con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y cesaron las aguas. 2 Y se cerraron las fuentes del abismo, y las ventanas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida. 3 Y [se] tornaron las aguas de sobre la tierra, yendo y volviendo; y decrecieron las aguas al cabo de ciento cincuenta días. 4 Y reposó el arca en el mes séptimo, a diecisiete días del mes, sobre los montes de Armenia. 5 Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo; en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cabezas de los montes. 6 Y fue, que al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana del arca que había hecho, 7 y envió al cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y tornando hasta que las aguas se secaron de sobre la tierra. 8 Envió también de sí a la paloma, para ver si las aguas se habían aliviado de sobre la faz de la tierra; 9 y no halló la paloma donde reposar la planta de su pie, y se volvió a él al arca, porque las aguas [estaban aún] sobre la faz de toda la tierra. Y él extendió su mano y la tomó, la metió consigo en el arca. 10 Y esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma del arca. 11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí [que traía una] hoja de oliva tomada en su boca; y entendió Noé que las aguas se habían aliviado de sobre la tierra. 12 Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no tornó a volver a él más. 13 Y fue, que en el año seiscientos uno de Noé, en el [mes] primero, al primero del mes, las aguas se enjugaron de sobre la tierra y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba enjuta. 14 Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra. 15 Y habló Dios a Noé diciendo: 16 Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. 17 Todos los animales que [están] contigo de toda carne, de aves y de bestias y de toda criatura que anda arrastrándose sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen, y multiplíquense sobre la tierra. 18 Entonces salió Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. 19 Todos los animales, y toda criatura, y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. 20 Y edificó Noé [un] altar al SEÑOR y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. 21 Y olió el SEÑOR olor de reposo; y dijo el SEÑOR en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su niñez; ni volveré más a herir toda cosa viva, como he hecho. 22 Todavía [serán] todos los tiempos de la tierra; [es a saber] sementera, y siega, y frío y calor, verano e invierno, y día y noche, no cesarán. CAPÍTULO 9 1 Y bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad, y multiplicaos, y llenad la tierra; 2 y vuestro temor y vuestro pavor será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se moverá en la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. 3 Todo lo que se mueve, que es vivo, os será para mantenimiento; [así] como [la] verdura de hierba, os lo he dado todo. 4 Pero la carne con su alma ([o vida]), que es su sangre, no comeréis. 5 Porque ciertamente vuestra sangre [que es] vuestra alma, [yo la] demandaré; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré el alma del hombre. 6 El que derramare sangre de hombre en el hombre, su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. 7 Mas vosotros fructificad, y multiplicaos; y andad en la tierra, y multiplicaos en ella. 8 Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: 9 He aquí, que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra simiente después de vosotros; 10 y con toda alma viviente que [está] con vosotros, en aves, en animales, y en toda bestia de la tierra [que está] con vosotros; desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. 11 Que [yo] estableceré mi pacto con vosotros, que no será talada más toda carne con aguas de diluvio; y que no habrá más diluvio para destruir la tierra. 12 Y dijo Dios: Esta [será] la señal del pacto que yo pongo entre mí y vosotros y toda alma viviente que [está] con vosotros, por siglos perpetuos: 13 Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de pacto entre mí y la tierra. 14 Y será, que cuando anublare sobre la tierra, entonces mi arco aparecerá en las nubes. 15 Y me acordaré de mi pacto que [está] entre mí y vosotros y toda alma viviente en toda carne; y no serán más las aguas por diluvio para destruir a toda carne. 16 Y estará el arco en las nubes, y lo veré para acordarme del pacto perpetuo entre Dios y toda alma viviente, con toda carne que está sobre la tierra. 17 Dijo más Dios a Noé: Esta [será] la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne, que [está] sobre la tierra. 18 Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam [es] el padre de Canaán. 19 Estos tres [son] los hijos de Noé; y de ellos fue llena toda la tierra. 20 Y comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó [una] viña; 21 y bebió del vino, y se embriagó, y se descubrió en medio de su tienda. 22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban fuera. 23 Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre los hombros de ambos, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre teniendo vueltos los rostros, que no vieron la desnudez de su padre. 24 Y despertó Noé de su vino, y supo lo que había hecho con él su hijo el más joven; 25 y dijo: Maldito [sea] Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos. 26 Dijo más: Bendito el SEÑOR, el Dios de Sem, y sea Canaán su siervo. 27 Ensanche Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo. 28 Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. 29 Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió. CAPÍTULO 10 1 Estas [son] las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a los cuales nacieron hijos después del diluvio. 2 Los hijos de Jafet: Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Mesec, y Tiras. 3 Y los hijos de Gomer: Askenaz, y Rifat, y Togarma. 4 Y los hijos de Javán: Elisa, y Tarsis, Quitim, y Dodanim. 5 Por éstos fueron partidas las islas de los gentiles en sus tierras, cada cual según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones. 6 Los hijos de Cam: Cus, y Mizraim, y Fut, y Canaán. 7 Y los hijos de Cus: Seba, Havila, y Sabta, y Raama, y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba y Dedán. 8 Y Cus engendró a Nimrod. Este comenzó a ser poderoso en la tierra. 9 Este fue poderoso cazador delante del SEÑOR; por lo cual se dice: Así como Nimrod poderoso cazador delante del SEÑOR. 10 Y fue la cabecera de su reino Babel, y Erec, y Acad, y Calne, en la tierra de Sinar. 11 De esta tierra salió Assur, el cual edificó a Nínive, y a Rehobot, y a Cala, 12 Y a Resén entre Nínive y Cala; la cual [es] la ciudad grande. 13 Y Mizraim engendró a Ludim, y a Anamim, y a Lehabim, y a Naftuhim, 14 Y a Patrusim, y a Casluhim de donde salieron los filisteos, y a Caftorim. 15 Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito y a Het, 16 y a Jebusi, y a Amorri, y a Gergesi, 17 y a Hevi, y a Arci, y a Sini, 18 y a Aradi, y a Samari, y a Amati; y después se derramaron las familias de los cananeos. 19 Y fue el término de los cananeos desde Sidón, viniendo a Gerar hasta Gaza, hasta entrar en Sodoma y Gomorra, Adma, y Zeboim hasta Lasa. 20 Estos [son] los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones. 21 También le nacieron [hijos] a Sem, padre de todos los hijos de Heber, [y] hermano mayor de Jafet. 22 Y los hijos de Sem: Elam, y Asur, y Arfaxad, y Lud, y Aram. 23 Y los hijos de Aram: Uz, y Hul, y Geter, y Mas. 24 Y Arfaxad engendró a Sala, y Sala engendró a Heber. 25 Y a Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno [fue] Peleg, porque en sus días fue partida la tierra; y el nombre de su hermano, Joctán. 26 Y Joctán engendró a Almodad, y a Selef, y Hazar-mavet, y a Jera, 27 y a Adoram, y a Uzal, y a Dicla, 28 y a Obal, y a Abimael, y a Seba, 29 y a Ofir, y a Havila, y a Jobab: todos éstos [fueron] hijos de Joctán. 30 Y fue su habitación desde Mesa viniendo de Sefar, monte de oriente. 31 Estos [fueron] los hijos de Sem por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones. 32 Estas [son] las familias de Noé por su descendencia, en sus naciones; y de éstas, fueron divididos los gentiles en la tierra después del diluvio. CAPÍTULO 11 1 Era entonces toda la tierra una lengua y unas [mismas] palabras. 2 Y aconteció que, cuando partieron de oriente, hallaron una vega en la tierra de Sinar, y se asentaron allí. 3 Y dijeron los unos a los otros: Dad acá, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les fue el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. 4 Y dijeron: Dad acá, edifiquémonos ciudad, y torre, que tenga la cabeza en el cielo; y hagámonos nombrados, por ventura nos esparciremos sobre la faz de toda la tierra. 5 Y descendió el SEÑOR para ver la ciudad y la torre, que edificaban los hijos del hombre. 6 Y dijo el SEÑOR: He aquí el pueblo [es] uno, y todos éstos tienen un lenguaje; y ahora comienzan a hacer, y ahora no dejarán de [efectuar] todo lo que han pensando hacer. 7 Ahora pues, descendamos, y mezclemos allí sus lenguas, que ninguno entienda la lengua de su compañero. 8 Así los esparció el SEÑOR de allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí mezcló el SEÑOR el lenguaje de toda la tierra, y de allí los esparció sobre la faz de toda la tierra. 10 Estas [son] las generaciones de Sem: Sem, de edad de cien años, engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio. 11 Y vivió Sem, después que engendró a Arfaxad quinientos años, y engendró hijos e hijas. 12 Y Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sala. 13 Y vivió Arfaxad, después que engendró a Sala, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas. 14 Y vivió Sala treinta años, y engendró a Heber. 15 Y vivió Sala, después que engendró a Heber, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas. 16 Y vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró a Peleg. 17 Y vivió Heber, después que engendró a Peleg, cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. 18 Y vivió Peleg, treinta años, y engendró a Reu. 19 Y vivió Peleg, después que engendró a Reu, doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas. 20 Y Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Serug. 21 Y vivió Reu, después que engendró a Serug, doscientos siete años, y engendró hijos e hijas. 22 Y vivió Serug treinta años, y engendró a Nacor. 23 Y vivió Serug, después que engendró a Nacor, doscientos años, y engendró hijos e hijas. 24 Y vivió Nacor veintinueve años, y engendró a Taré. 25 Y vivió Nacor, después que engendró a Taré, ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas. 26 Y vivió Taré setenta años, y engendró a Abram, y a Nacor, y a Harán. 27 Estas [son] las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, y a Nacor, y a Harán; y Harán engendró a Lot. 28 Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su naturaleza, en Ur de los caldeos. 29 Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram [fue] Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca. 30 Y Sarai fue estéril, que no [tenía] hijo. 31 Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo; y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y [se] asentaron allí. 32 Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán. CAPÍTULO 12 1 Pero el SEÑOR había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu naturaleza, y de la casa de tu padre, a la tierra que [yo] te mostraré; 2 y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4 Y se fue Abram, como el SEÑOR le dijo; y fue con él Lot; y [era] Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. 5 Y tomó Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían hecho en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. 6 Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el alcornoque de More; y el cananeo [estaba] entonces en la tierra. 7 Y apareció el SEÑOR a Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar al SEÑOR, que [se] le había aparecido. 8 Y se pasó de allí a un monte al oriente de Betel, y tendió su tienda, teniendo a Betel al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar al SEÑOR, e invocó el nombre del SEÑOR. 9 Y movió Abram [de allí], caminando y yendo hacia el mediodía. 10 Y hubo hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para peregrinar allá; porque [era] grande el hambre en la tierra. 11 Y aconteció que cuando llegó para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer hermosa de vista; 12 y será, que cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te darán la vida. 13 Ahora pues, di que eres mi hermana, para que yo halle bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de ti. 14 Y aconteció que, cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron la mujer que era hermosa en gran manera. 15 También la vieron los príncipes del Faraón, y se la alabaron al Faraón; y fue llevada la mujer a casa del Faraón, 16 que hizo bien a Abram por causa de ella; y tuvo ovejas, y vacas, y asnos, y siervos, y criadas, y asnas y camellos. 17 Mas el SEÑOR hirió al Faraón y a su casa de grandes plagas, por causa de Sarai, mujer de Abram. 18 Entonces [el] Faraón llamó a Abram y le dijo: ¿Qué [es] esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana? ¡Y [yo] la tomé para mí por mujer! Ahora, pues, he aquí tu mujer, tómala y vete. 20 Entonces [el] Faraón mandó acerca de él a varones, que le acompañaran, y a su mujer, con todo lo que tenía. CAPÍTULO 13 1 Así subió Abram de Egipto hacia el mediodía, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. 2 Y Abram [era] riquísimo en ganado, en plata y oro. 3 Y volvió por sus jornadas [de la parte] del mediodía hacia Betel, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Betel y Hai; 4 al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre del SEÑOR. 5 Y asimismo Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, y vacas, y tiendas. 6 De tal manera que la tierra no los sufría para morar juntos; porque su hacienda era mucha, y no pudieron habitar juntos. 7 Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. 8 Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre mí y ti, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. 9 ¿No [está] toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si [tú fueres] a la mano izquierda, [yo] iré a la derecha; y si [tú] a la derecha, [yo] a la izquierda. 10 Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella [era] de riego, antes que destruyese el SEÑOR a Sodoma, y a Gomorra, como [un] huerto del SEÑOR, como la tierra de Egipto entrando en Zoar. 11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot al oriente, y se apartaron el uno del otro. 12 Abram [se] asentó en la tierra de Canaán, y Lot [se] asentó en las ciudades de la llanura, y puso sus tiendas hasta Sodoma. 13 Mas los hombres de Sodoma [eran] malos y pecadores para con el SEÑOR en gran manera. 14 Y el SEÑOR dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde tú estás hacia el aquilón, y al mediodía, y al oriente y al occidente; 15 porque toda la tierra que tú ves, [la] daré a ti y a tu simiente para siempre. 16 Y pondré tu simiente como el polvo de la tierra; que si alguno podrá contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada. 17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la tengo de dar. 18 Y asentó Abram su tienda, y vino, y moró en el alcornocal de Mamre, que [es] en Hebrón, y edificó allí altar al SEÑOR. CAPÍTULO 14 1 Y aconteció en [aquellos] días [que] Amrafel, rey de Sinar; Arioc, rey de Elasar; Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de los gentiles, 2 hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, y contra Birsa, rey de Gomorra, y contra Sinab, rey de Adma, y contra Semeber, rey de Zeboim, y [contra] el rey de Bela, la cual [es] Zoar. 3 Todos éstos se juntaron en el valle de Sidim, que [es] el Mar Salado. 4 Doce años habían servido a Quedorlaomer, y al decimotercer año se rebelaron. 5 Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que [estaban] de su parte, e hirieron a los refaítas en Asterot-carnaim; a los zuzitas en Ham, y a los emitas en Save-quiriataim. 6 Y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto. 7 Y volvieron y vinieron a En-mispat, que es Cades, e hirieron todas las labranzas de los amalacitas, y también al amorreo, que habitaba en Hazezontamar. 8 Y salió el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adma, y el rey de Zeboim, y el rey de Bela, que [es] Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim; 9 [es a saber], contra Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de los gentiles, y Amrafel, rey de Sinar, y Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco. 10 Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de betún; y huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, y cayeron allí; y los demás huyeron al monte. 11 Y tomaron toda la hacienda de Sodoma y de Gomorra, y todas sus vituallas, y se fueron. 12 Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y a su hacienda, y se fueron porque él moraba en Sodoma. 13 Y vino uno que escapó, y lo denunció a Abram [el] hebreo, que habitaba en el alcornocal de Mamre amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales estaban confederados con Abram. 14 Y oyó Abram que su hermano era cautivo, y armó sus criados, los criados de su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. 15 Y se derramó sobre ellos de noche él y sus siervos, y los hirió, y los siguió hasta Hoba, que [está] a la izquierda de Damasco. 16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su hermano y su hacienda, y también las mujeres y el pueblo. 17 Y salió el rey de Sodoma a recibirlo, cuando volvía de herir a Quedorlaomer y a los reyes que [estaban] con él, al valle de Save, [que es] el valle del Rey. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual [era] sacerdote del Dios alto; 19 y le bendijo, y dijo: Bendito [sea] Abram del Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra; 20 y bendito [sea] el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano. Y [Abram] le dio los diezmos de todo. 21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti la hacienda. 22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano al SEÑOR Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra, 23 que desde [un] hilo hasta la correa de [un] zapato, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram. 24 Sacando solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol, y Mamre; los cuales tomarán su parte. CAPÍTULO 15 1 Después de estas cosas vino [la] palabra del SEÑOR a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo [soy] tu escudo, [y] tu galardón [será] sobremanera grande. 2 Y respondió Abram: Señor DIOS ¿qué me has de dar, siendo así que yo ando solo, y el mayordomo de mi casa [es] el damasceno Eliezer? 3 Dijo más Abram: He aquí no me has dado simiente, y he aquí el hijo de mi casa me hereda. 4 Y luego la palabra del SEÑOR vino a él diciendo: No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas, aquél te heredará. 5 Y le sacó fuera, y dijo: Mira ahora a los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente. 6 Y creyó al SEÑOR, y se lo contó por justicia. 7 Y le dijo: Yo [soy] el SEÑOR, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra. 8 Y [él] respondió: Señor DIOS ¿en qué conoceré que la tengo de heredar? 9 Y le dijo: Apártame [una] becerra de tres años, y [una] cabra de tres años, y [un] carnero de tres años, [una] tórtola también, y [un] palomino. 10 Y tomó [él] todas estas cosas, y las partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves. 11 Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y las ojeaba Abram. 12 Y fue que poniéndose el sol cayó sueño sobre Abram, y he aquí que [un] temor, [una] oscuridad grande cayó sobre él. 13 Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y les servirán, y serán afligidos cuatrocientos años. 14 Mas también a la gente a quien servirán, juzgo yo; y después de esto saldrán con grande riqueza. 15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aun no [está] cumplida la maldad del amorreo hasta aquí. 17 Y sucedió [que] puesto el sol, y hubo [una] oscuridad, y he aquí un horno de humo, y [una] antorcha de fuego que pasó por entre las mitades. 18 Aquel día hizo el SEÑOR pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; 19 al cineo, y al cenezeo, y al cadmoneo, 20 al heteo, y al ferezeo, y al rafeo, 21 y al amorreo, y al cananeo, y al gergeseo, y al jebuseo. CAPÍTULO 16 1 Y Sarai, mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. 2 Dijo, pues, Sarai a Abram: He aquí ahora el SEÑOR me ha vedado de dar a luz; te ruego que entres a mi sierva; por ventura tendré hijos de ella. Y oyó Abram al dicho de Sarai. 3 Y Sarai, la mujer de Abram, tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y la dio a Abram su marido por mujer. 4 Y [él] entró a Agar, la cual concibió; y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora. 5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta [es] sobre ti; yo puse mi sierva en tu seno, y viéndose embarazada, me mira con desprecio; juzgue el SEÑOR entre mí y ti. 6 Y respondió Abram a Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Entonces Sarai la afligió, y [ella] huyó de su presencia. 7 Y la halló el ángel del SEÑOR junto a [una] fuente de agua en el desierto, junto a la fuente [que está] en el camino del Sur. 8 Y [le] dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y [ella] respondió: Huyo de delante de Sarai, mi señora. 9 Y le dijo el ángel del SEÑOR: Vuélvete a tu señora, y humíllate bajo su mano. 10 Le dijo [también] el ángel del SEÑOR: Multiplicaré tanto tu simiente, que no será contada por la multitud. 11 Y le dijo [aun] el ángel del SEÑOR: He aquí que has concebido, y darás a luz [un] hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque ha oído el SEÑOR tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 13 Entonces [ella] llamó el nombre del SEÑOR que hablaba con ella, Atta el roi, [Tú eres el] Dios de la [vista]; porque dijo: ¿No he visto también aquí las espaldas del que me vio? 14 Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí [está] entre Cades y Bered. 15 Y Agar dio a luz un hijo a Abram, y llamó Abram el nombre de su hijo que le dio Agar, Ismael. 16 Y [era] Abram de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael. CAPÍTULO 17 1 Y siendo Abram de edad de noventa y nueve años, el SEÑOR se le apareció, y le dijo: Yo [soy] el Dios todo poderoso; anda delante de mí, y sé perfecto. 2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré mucho en gran manera. 3 Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo: 4 He aquí mi pacto contigo: Serás por padre de muchedumbre de gentiles; 5 y no se llamará más tu nombre Abram, sino [que] será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentiles. 6 Y te multiplicaré mucho en gran manera, y te pondré en gentiles, y reyes saldrán de ti. 7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y entre tu simiente después de ti por sus generaciones, por alianza perpetua, para serte a ti por Dios, y a tu simiente después de ti. 8 Y te daré a ti, y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua; y les seré por Dios. 9 Dijo [de nuevo] Dios a Abraham: Tú, empero, mi pacto guardarás, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones. 10 Este [será] mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: Será circuncidado en vosotros todo macho. 11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. 12 Y de edad de ocho días será circuncidado en vosotros todo macho por vuestras generaciones: el nacido en casa, y el comprado a dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente. 13 Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne para alianza perpetua. 14 Y el macho incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; mi pacto anuló. 15 Dijo también el SEÑOR a Abraham: A Sarai tu mujer no llamarás su nombre Sarai, mas Sara será su nombre. 16 Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; [sí], la bendeciré, y vendrá a ser [madre] de gentiles; reyes de pueblos serán de ella. 17 Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer [hijo]? ¿Y si Sara, ya de noventa años, ha de dar a luz? 18 Y dijo Abraham a Dios: Deseo que Ismael viva delante de ti. 19 Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz [un] hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él por alianza perpetua a su simiente después de él. 20 Y por Ismael, [también] te he oído: he aquí [que] le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará, y le pondré por gran gente. 21 Mas [yo] estableceré mi pacto con Isaac, el cual te dará a luz Sara en este tiempo el año siguiente. 22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de [estar] con Abraham. 23 Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los [siervos] nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, todo macho en los varones de la casa de Abraham, y circuncidó la carne de su prepucio en aquel mismo día, como Dios había hablado con él. 24 Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio. 25 E Ismael su hijo era de trece años cuando fue circuncidada la carne de su prepucio. 26 En aquel mismo día fue circuncidado Abraham e Ismael su hijo. 27 Y todos los varones de su casa, el [siervo] nacido en casa, y el comprado por dinero del extranjero, fueron circuncidados con él. CAPÍTULO 18 1 Y [se] le apareció el SEÑOR en el alcornocal de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda, cuando comenzaba el calor del día. 2 Y alzó sus ojos, y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se inclinó hacia la tierra, 3 Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. 4 Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, 5 y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis, porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y [ellos] dijeron: Haz así como has dicho. 6 Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo de la ceniza. 7 Y corrió Abraham a las vacas, y tomó [un] becerro tierno y bueno, y lo dio al joven, y éste se dio prisa a aderezarlo. 8 Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y lo puso delante de ellos; y él estaba junto a ellos debajo del árbol; y comieron. 9 Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda. 10 Entonces dijo: De cierto volveré a ti según el tiempo de la vida, y he aquí, que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, y Abraham [estaba] detrás de él. 11 Y Abraham y Sara [eran] viejos, entrados en días: y a Sara [le] había cesado ya la costumbre de las mujeres. 12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite? Así mismo mi señor [es ya] viejo. 13 Entonces el SEÑOR dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? 14 ¿Por ventura hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá [un] hijo. 15 Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y [él] dijo: No es así, porque te reíste. 16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos. 17 Y el SEÑOR dijo: ¿Encubro yo a Abraham lo que hago, 18 habiendo de ser Abraham en gran gente y fuerte, y habiendo de ser benditos en él todos los gentiles de la tierra? 19 Porque [yo] lo he conocido, [sé] que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino del SEÑOR, haciendo justicia y juicio, para que haga venir el SEÑOR sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él. 20 Entonces el SEÑOR le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se ha engrandecido, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, 21 descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré. 22 Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; mas Abraham estaba aún delante del SEÑOR. 23 Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? 24 Por ventura hay cincuenta justos dentro de la ciudad, ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que [estén] dentro de él? 25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo [tratado] como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer derecho? 26 Entonces respondió el SEÑOR: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor de ellos. 27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza; 28 por ventura faltarán de cincuenta justos, cinco: ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No [la] destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. 29 Y volvió a hablarle, y dijo: Por ventura se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta. 30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: Por ventura se hallarán allí treinta. Y respondió: No [lo] haré si hallare allí treinta. 31 Y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor: Por ventura se hallarán allí veinte. Respondió, no [la] destruiré, por veinte. 32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: Por ventura se hallarán allí diez. Respondió, No [la] destruiré, por diez. 33 Y se fue el SEÑOR, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham se volvió a su lugar. CAPÍTULO 19 1 Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó su faz a tierra. 2 Y dijo: Ahora, pues, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies: y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la plaza dormiremos. 3 Mas él porfió con ellos mucho, y [se] vinieron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura y comieron. 4 Y antes que se acostasen, cercaron la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo; 5 y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde [están] los varones que vinieron a ti esta noche? Sácanolos, para que los conozcamos. 6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró las puertas tras sí, 7 y dijo: Hermanos míos, os ruego que no hagáis mal. 8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré afuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado. 9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino éste aquí para habitar como un extraño, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper las puertas. 10 Entonces los varones extendieron su mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron las puertas. 11 Y a los varones que [estaban] a la puerta de la casa desde el menor hasta el mayor, hirieron con ceguera; mas [ellos] se fatigaban por hallar la puerta. 12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno [más]? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar: 13 Porque destruimos este lugar, por cuanto el clamor de ellos se ha engrandecido delante del SEÑOR; por tanto el SEÑOR nos ha enviado para destruirlo. 14 Entonces salió Lot, y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque el SEÑOR va a destruir esta ciudad. Mas fue [tenido] como burlador en ojos de sus yernos. 15 Y cuando el alba subía, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan [aquí], para que no perezcas en el castigo de la ciudad. 16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas en la misericordia del SEÑOR [que era] sobre él; y le sacaron, y le pusieron fuera de la ciudad. 17 Y fue que sacándolos fuera, dijo: Escápate; sobre tu alma; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, para que no perezcas. 18 Y Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos; 19 he aquí ahora ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia que has hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, que por ventura no se me pegue el mal, y muera. 20 He aquí ahora esta ciudad [está] cercana para huir allá, la cual [es] pequeña; escaparé ahora allá, (¿no [es ella] pequeña?) y vivirá mi alma. 21 Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, para no destruir la ciudad de que has hablado. 22 Date prisa, escápate allá; porque no podré hacer nada hasta que hayas llegado allá. Por esto fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar. 23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar. 24 Y el SEÑOR llovió sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego del SEÑOR desde los cielos; 25 y trastornó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. 26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal. 27 Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante del SEÑOR. 28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno. 29 Y fue que, destruyendo Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió [fuera] a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba. 30 Pero Lot subió de Zoar, y [se] asentó en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedar en Zoar, y se alojó en [una] cueva él y sus dos hijas. 31 Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no [queda] varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra. 32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre generación. 33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche; y entró la mayor, y durmió con su padre; mas [él] no supo cuándo se acostó [ella], ni cuándo se levantó. 34 El día siguiente dijo la mayor a la menor: He aquí [yo] dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra, duerme con él, y conservemos de nuestro padre generación. 35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche; y se levantó la menor, y durmió con él; y él no supo cuándo se acostó [ella], ni cuándo se levantó. 36 Y concibieron las dos hijas de Lot, de su padre. 37 Y dio a luz la mayor [un] hijo, y llamó su nombre Moab, el cual [es] padre de los moabitas hasta hoy. 38 La menor también dio a luz [un] hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual [es] padre de los amonitas hasta hoy. CAPÍTULO 20 1 De allí partió Abraham a la tierra del mediodía, y [se] asentó entre Cades y Shur, y peregrinó en Gerar. 2 Y decía Abraham de Sara su mujer: Mi hermana es. Y Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara. 3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí muerto eres por la mujer que has tomado, la cual es casada con marido. 4 Mas Abimelec no [se] había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también la gente justa? 5 ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón, y con limpieza de mis manos he hecho esto. 6 Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases. 7 Ahora, pues, vuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si tú no la volvieres, sabe que de cierto morirás, con todo lo que fuere tuyo. 8 Entonces Abimelec se levantó de mañana, y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera. 9 Después llamó Abimelec a Abraham y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿Y [en] qué pequé [yo] contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan gran pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo. 10 Y dijo [más] Abimelec a Abraham: ¿Qué viste para que hicieses esto? 11 Y Abraham respondió: Porque dije [para mí]: Cierto no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer. 12 Y a la verdad también [es] mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer. 13 Y fue que, cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, [yo] le dije: Esta [es] la merced que tú me harás, que en todos los lugares donde llegáremos, digas de mí: Mi hermano es. 14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y [se los] dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer. 15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra [está] delante de ti, habita donde bien te pareciere. 16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil [monedas] de plata a tu hermano; mira que él te [es] por velo de ojos para todos los que [estuvieron] contigo, y para con todos; [así fue] reprendida. 17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos. 18 Porque había del todo cerrado el SEÑOR toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham. CAPÍTULO 21 1 Y visitó el SEÑOR a Sara, como había dicho, e hizo el SEÑOR con Sara como había hablado. 2 Y Sara concibió y dio a luz a Abraham [un] hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. 3 Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. 4 Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le mandó. 5 Y era Abraham de cien años, cuando le nació Isaac su hijo. 6 Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reir, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. 7 Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara había de dar leche a hijos? Que le he dado a luz un hijo en su vejez. 8 Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado Isaac. 9 Y vio Sara al hijo de Agar la egipcia, el cual ésta [le] había dado a luz a Abraham, que se burlaba. 10 Por tanto dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo; que el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, con Isaac. 11 Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. 12 Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. 13 Y también al hijo de la sierva pondré en gente, porque [es] tu simiente. 14 Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y [un] odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y [le] entregó al muchacho, y la envió. Y ella fue, y se perdió en el desierto de Beerseba. 15 Y faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un árbol; 16 y se fue y se sentó enfrente, alejándose como un tiro de arco; diciendo: No veré cuando el muchacho morirá; y se sentó enfrente, y alzó su voz y lloró. 17 Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18 Levántate, alza al muchacho, y tómalo de tu mano, porque en gran gente lo tengo de poner. 19 Entonces abrió Dios sus ojos, y vio una fuente de agua; y fue, y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho. 20 Y fue Dios con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco. 21 Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto. 22 Y aconteció en aquel mismo tiempo que habló Abimelec, y Ficol, príncipe de su ejército, a Abraham diciendo: Dios es contigo en todo cuanto haces. 23 Ahora pues, júrame aquí por Dios, que no faltarás a mí, ni a mi hijo, ni a mi nieto; sino que conforme a la misericordia que [yo] hice contigo, harás [tú] conmigo y con la tierra donde has peregrinado. 24 Y respondió Abraham: Yo juraré. 25 Y Abraham reprendió a Abimelec a causa de [un] pozo de agua, que los siervos de Abimelec le habían quitado. 26 Y respondió Abimelec: No sé quién haya hecho esto, ni tampoco tú me lo hiciste saber, ni yo lo he oído hasta hoy. 27 Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron ambos alianza. 28 Y puso Abraham siete corderas del rebaño aparte. 29 Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué [significan] esas siete corderas que has puesto aparte? 30 Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sean en testimonio [de] que [yo] cavé este pozo. 31 Por esto llamó a aquel lugar Beerseba; porque allí juraron ambos. 32 Así hicieron alianza en Beerseba; y se levantó Abimelec y Ficol, príncipe de su ejército, y se volvieron a tierra de los filisteos. 33 Y plantó [Abraham un] bosque en Beerseba, e invocó allí el nombre del SEÑOR Dios eterno. 34 Y moró Abraham en tierra de los filisteos muchos días. CAPÍTULO 22 1 Y aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y [él] respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que [yo] te diré. 3 Y Abraham madrugó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos criados suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. 5 Entonces dijo Abraham a sus criados: Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos a vosotros. 6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo; y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. 7 Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde [está] el cordero para el holocausto? 8 Y respondió Abraham: Dios proveerá para si cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. 9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham [un] altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y le puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel del SEÑOR le dio voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ahora conozco que temes a Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único; 13 entonces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carnero a sus espaldas, trabado en [una] mata por sus cuernos; y fue Abraham, y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, YHWH-jireh ([el SEÑOR verá]). Por tanto se dice hoy, en el monte del SEÑOR será visto. 15 Y llamó el ángel del SEÑOR a Abraham la segunda vez desde el cielo, 16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dijo el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; 17 bendiciendo te bendeciré, y multiplicando, multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que [está] a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: 18 En tu simiente serán benditos todos los gentiles de la tierra, por cuanto escuchaste a mi voz. 19 Y se tornó Abraham a sus criados, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba. 20 Y aconteció después de estas cosas, que fue dada nueva a Abraham, diciendo: He aquí que también Milca ha dado a luz hijos a Nacor tu hermano: 21 A Uz su primogénito, y a Buz su hermano, y a Kemuel padre de Aram. 22 Y a Quesed, y a Hazo, y a Pildas, y a Jidlaf, y a Betuel. 23 Y Betuel engendró a Rebeca. Estos ocho dio a luz Milca a Nacor, hermano de Abraham. 24 Y su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Teba, y a Gaham, y a Tahas, y a Maaca. CAPÍTULO 23 1 Y fue la vida de Sara ciento veintisiete años; [tantos fueron] los años de la vida de Sara. 2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a endechar a Sara, y a llorarla. 3 Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo: 4 Peregrino y advenedizo soy entre vosotros; dadme heredad de sepultura con vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí. 5 Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron: 6 Oyenos, señor mío, [eres] un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestras sepulturas sepulta [a] tu muerta; ninguno de nosotros te impedirá su sepultura, para que entierres tu muerta. 7 Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het; 8 y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad que yo sepulte mi muerta de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón, hijo de Zohar, 9 [para] que me dé la cueva de Macpela, que tiene al cabo de su heredad; que por su justo precio me la dé, para heredad de sepultura en medio de vosotros. 10 Este Efrón habitaba entre los hijos de Het; y respondió Efrón heteo a Abraham, en oídos de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo: 11 No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que [está] en ella; delante de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerta. 12 Y Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra. 13 Y respondió a Efrón en oídos del pueblo de la tierra, diciendo: Antes, si te [place], te ruego que me oigas; [yo] daré el precio de la heredad, tómalo de mí, y sepultaré en ella mi muerta. 14 Y respondió Efrón a Abraham, diciéndole: 15 Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre mí y ti? Entierra [pues] tu muerta. 16 Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, oyéndolo los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, corrientes por los mercaderes. 17 Y quedó la heredad de Efrón que [estaba] en Macpela enfrente de Mamre, la heredad y la cueva que [estaba] en ella, y todos los árboles que [había] en la heredad, y en todo su término al derredor, 18 de Abraham en posesión, a vista de los hijos de Het, y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad. 19 Y después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela enfrente de Mamre, que [es] Hebrón en la tierra de Canaán. 20 Y quedó la heredad y la cueva que en ella [había], de Abraham, en heredad de sepultura [comprada] de los hijos de Het. CAPÍTULO 24 1 Y Abraham [era ya] viejo, y bien entrado en días; y el SEÑOR había bendecido a Abraham en todo. 2 Y dijo Abraham a su siervo, [el más] viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, 3 y te juramentaré por el SEÑOR, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no has de tomar mujer para mi hijo de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; 4 sino que irás a mi tierra y a mi natural, y tomarás [de allá] mujer para mi hijo Isaac. 5 Y el siervo le respondió: Por ventura la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra, ¿volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste? 6 Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá. 7 El SEÑOR, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre, y de la tierra de mi natural, y me habló, y me juró diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y [tú] tomarás de allá mujer para mi hijo. 8 Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. 9 Entonces el siervo puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este negocio. 10 Y el siervo tomó diez camellos de los camellos de su señor, y fue llevando en su mano lo mejor que su señor tenía; y se levantó y fue a Ara Naharaim, a la ciudad de Nacor. 11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, [junto] a [un] pozo de agua, a la hora de la tarde, a la hora en que salen las doncellas por agua. 12 Y dijo: SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. 13 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua. 14 Sea, pues, [que] la doncella a quien [yo] dijere: Baja ahora tu cántaro, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos, [que] ésta [sea la que] aparejaste a tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor. 15 Y aconteció [que] antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca que salía, (la cual había nacido a Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor hermano de Abraham) con su cántaro sobre sus hombros. 16 Y la doncella [era] de muy hermoso aspecto, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. 17 Entonces el siervo corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. 18 Y ella respondió: Bebe, señor mío: y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber. 19 Y cuando acabó de darle a beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. 20 Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. 21 Y el varón estaba maravillado de ella, callando, para saber si el SEÑOR había prosperado su camino o no. 22 Y fue [que] cuando los camellos acabaron de beber, el varón sacó un pendiente de oro de medio siclo de peso, y dos brazaletes de diez [siclos] de peso de oro, 23 y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego me digas, ¿hay lugar en casa de tu padre donde posemos? 24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel, hijo de Milca, el cual dio a luz ella a Nacor. 25 Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar. 26 El varón entonces se inclinó, y adoró al SEÑOR. 27 Y dijo: Bendito [sea] el SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que no apartó su misericordia y su verdad de mi señor, guiándome el SEÑOR en el camino a casa de los hermanos de mi amo. 28 Y la doncella corrió, e hizo saber en casa de su madre estas cosas. 29 Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera al varón, a la fuente; 30 y fue [que] cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía: Así me dijo aquel varón; vino al varón; y he aquí [él] estaba junto a los camellos a la fuente. 31 Y le dijo: Ven, bendito del SEÑOR; ¿por qué estás fuera? Yo he limpiado la casa, y el lugar para los camellos. 32 Entonces el varón vino a casa, y [Labán] desató los camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los varones que con él [venían]. 33 Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y [él] le dijo: Habla. 34 Entonces dijo: Yo soy siervo de Abraham; 35 y el SEÑOR ha bendecido mucho a mi señor, y él se ha engrandecido; y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. 36 Y Sara, mujer de mi amo, dio a luz [un] hijo a mi señor después de su vejez, al cual ha dado todo cuanto tiene. 37 Y mi señor me hizo jurar, diciendo: No tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito; 38 sino que irás a la casa de mi padre, y a mi natural, y tomarás de allá mujer para mi hijo. 39 Y [yo] dije: Por ventura no querrá venir en pos de mí la mujer. 40 Entonces él me respondió: El SEÑOR, en cuya presencia [yo] he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás mujer para mi hijo de mi linaje y de la casa de mi padre; 41 entonces serás libre de mi juramento, cuando hubieres llegado a mi linaje; y si no te [la] dieren, serás libre de mi juramento. 42 Llegué, [pues], hoy a la fuente, y dije: SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual yo ando, 43 he aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, [que] la doncella que saliere por agua, a la cual [yo] dijere: Dame ahora de beber un poco de agua de tu cántaro; 44 y ella me respondiere, Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua; ésta sea la mujer que aparejó el SEÑOR al hijo de mi señor. 45 Y antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó agua; y [yo] le dije: Te ruego que me des a beber. 46 Y [ella] prestamente bajó su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también a tus camellos daré a beber. Y bebí, y dio también de beber a mis camellos. 47 Entonces le pregunté, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija de Betuel, hijo de Nacor, que le dio a luz Milca. Entonces le puse un pendiente sobre su nariz, y brazaletes sobre sus manos; 48 y me incliné, y adoré al SEÑOR, y bendije al SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo. 49 Ahora pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y echaré a la diestra o a la siniestra. 50 Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: Del SEÑOR ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. 51 He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho el SEÑOR. 52 Y fue, [que] cuando el siervo de Abraham oyó sus palabras, se inclinó a tierra al SEÑOR. 53 Y sacó el siervo vasos de plata y vasos de oro y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre. 54 Y comieron y bebieron él y los [varones] que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi señor. 55 Entonces respondió su hermano y su madre: Espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, [y] después irá. 56 Y él les dijo: No me detengáis, pues que el SEÑOR ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor. 57 [Ellos] respondieron entonces: Llamemos la doncella y preguntémosle. 58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás [tú] con este varón? Y ella respondió: [Sí], iré. 59 Entonces enviaron a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al siervo de Abraham y a sus varones. 60 Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Nuestra hermana eres; seas en millares de millares, y tu generación posea la puerta de sus enemigos. 61 Se levantó entonces Rebeca y sus doncellas, y subieron sobre los camellos, y siguieron al varón; y el siervo tomó a Rebeca, y se fue. 62 Y venía Isaac del pozo del Viviente que me ve; porque él habitaba en la tierra del mediodía; 63 y había salido Isaac a orar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. 64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; 65 porque había preguntado al criado: ¿Quién [es] este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este [es] mi señor. [Ella] entonces tomó el velo, y se cubrió. 66 Entonces el siervo contó a Isaac todo lo que había hecho. 67 Y la introdujo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer; y la amó; y se consoló Isaac después [de la muerte] de su madre. CAPÍTULO 25 1 Y Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre [fue] Cetura; 2 la cual le dio a luz a Zimram, y a Jocsán, y a Medán, y a Madián, y a Isbac, y a Súa. 3 Y Jocsán engendró a Seba, y a Dedán: e hijos de Dedán fueron Asurim, y Letusim, y Leumim. 4 E hijos de Madián: Efa, y Efer, y Hanoc, y Abida, y Elda. Todos estos [fueron] hijos de Cetura. 5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. 6 Y a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió de junto Isaac su hijo, mientras él vivió, al oriente, a la tierra oriental. 7 Y estos [fueron] los días de vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años. 8 Y expiró, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno [de días] y fue unido a su pueblo. 9 Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva doble, en la heredad de Efrón, hijo de Zoar heteo, que [está] enfrente de Mamre; 10 la heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí está sepultado, y Sara su mujer. 11 Y sucedió, después de muerto Abraham, [que] Dios bendijo a Isaac su hijo; y habitó Isaac junto al pozo del Viviente que me ve. 12 Y estas [son] las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, que dio a luz Agar, la egipcia, sierva de Sara a Abraham: 13 Estos, pues, [son] los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, por sus linajes: El primogénito de Ismael, Nabaiot; y Cedar, y Abdeel, y Mibsam, 14 y Misma, y Duma, y Massa, 15 Hadar, y Tema, y Jetur, y Nafis, y Cedema. 16 Estos son los hijos de Ismael, y estos [sus] nombres por sus villas y por sus palacios; doce príncipes por sus familias. 17 Y estos [fueron] los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años; y expiró y murió Ismael; y fue unido a su pueblo. 18 Y habitaron desde Havila hasta Shur, que [está] enfrente de Egipto, viniendo a Asiria; y delante de todos sus hermanos cayó. 19 Y estas [son] las generaciones de Isaac, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac; 20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó a Rebeca, hija de Betuel, [el] arameo, de Padan-aram, hermana de Labán, [el] arameo, por su mujer. 21 Y oró Isaac al SEÑOR por su mujer, que era estéril; y lo aceptó el SEÑOR, y concibió Rebeca su mujer. 22 Y los hijos se combatían dentro de ella; y dijo: Si [es] así ¿para qué [vivo] yo? Y fue a consultar al SEÑOR. 23 Y le respondió el SEÑOR: Dos naciones [hay] en tu vientre, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; mas [un] pueblo [será] más fuerte que [el otro] pueblo, y el mayor servirá al menor. 24 Y cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí mellizos en su vientre. 25 Y salió el primero bermejo, y todo él velludo como [una] pelliza; y llamaron su nombre Esaú. 26 Y después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando [Rebeca] los dio a luz. 27 Y crecieron los niños, y Esaú fue varón sabio en la caza, hombre del campo; Jacob, empero, era varón entero, que estaba en las tiendas. 28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. 29 Y guisó Jacob [un] potaje; y volviendo Esaú del campo cansado, 30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de eso bermejo, pues estoy [muy] cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31 Y Jacob respondió: Véndeme hoy en este día tu primogenitura. 32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33 Y dijo Jacob: Júrame hoy en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 34 Entonces Jacob dio a Esaú del pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó, y se fue. [Así] menospreció Esaú la primogenitura. CAPÍTULO 26 1 Y hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que fue en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. 2 Y se le apareció el SEÑOR, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré; 3 habita en esta tierra, y [yo] seré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu simiente daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que juré a Abraham tu padre: 4 Y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y daré a tu simiente todas estas tierras; y todos los gentiles de la tierra serán benditos en tu simiente. 5 Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi observancia, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes. 6 Habitó, pues, Isaac en Gerar. 7 Y los hombres de aquel lugar [le] preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; por ventura, [dijo], los varones del lugar me matarían por causa de Rebeca; porque era de hermoso aspecto. 8 Y sucedió [que], después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que jugaba con Rebeca su mujer. 9 Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer; ¿cómo, pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió, porque dije: Por ventura moriré por causa de ella. 10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado. 11 Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá. 12 Y sembró Isaac en aquella tierra, y halló aquel año ciento por uno; y le bendijo el SEÑOR. 13 Y el varón se engrandeció, y fue adelantando y engrandeciéndose, hasta hacerse muy grande; 14 y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y grande apero; y los filisteos le tuvieron envidia. 15 Y todos los pozos que habían abierto, los siervos de Abraham su padre en sus días, los filisteos los habían cerrado y llenado de tierra. 16 Y dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más fuerte que nosotros te has hecho. 17 E Isaac se fue de allí; y asentó sus tiendas en el valle de Gerar, y habitó allí. 18 Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cerrado, muerto Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado. 19 Y los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí [un] pozo de aguas vivas. 20 Y los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra; por eso llamó el nombre del pozo Esek, porque habían altercado con él. 21 Y abrieron otro pozo, y también riñeron sobre él; y llamó su nombre Sitna. 22 Y se apartó de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él; y llamó su nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora nos ha hecho ensanchar el SEÑOR y fructificaremos en la tierra. 23 Y de allí subió a Beerseba. 24 Y se le apareció el SEÑOR aquella noche, y dijo: Yo [soy] el Dios de Abraham tu padre; no temas, que yo [soy] contigo, y yo te bendeciré, y multiplicaré tu simiente por causa de Abraham mi siervo. 25 Y edificó allí [un] altar, e invocó el nombre del SEÑOR, y tendió allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac [un] pozo. 26 Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército. 27 Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me enviaste, que no estuviese con vosotros? 28 Y ellos respondieron: Hemos visto que el SEÑOR es contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, entre nosotros y tú, y haremos alianza contigo: 29 Que no nos hagas mal, como [nosotros] no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz; tú ahora, bendito del SEÑOR. 30 Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron. 31 Y madrugaron por la mañana, y juraron el uno al otro; e Isaac los envió, y [ellos] se partieron de él en paz. 32 Y en aquel día sucedió [que] vinieron los criados de Isaac, y le dieron nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Agua hemos hallado. 33 Y lo llamó Seba, por cuya causa el nombre de aquella ciudad es Beerseba hasta este día. 34 Y cuando Esaú fue de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri, [el] heteo, y a Basemat hija de Elón, [el] heteo: 35 Y fueron amargura de espíritu a Isaac y a Rebeca. CAPÍTULO 27 1 Y aconteció [que] cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron de vista, llamó a Esaú, su hijo el mayor, y le dijo: Mi hijo. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte. 3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y cógeme caza; 4 y hazme guisados, como yo amo, y tráemelo, y comeré; para que te bendiga mi alma antes que muera. 5 Y Rebeca oyó, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para coger la caza que había de traer. 6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí [yo] he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: 7 Tráeme caza, y hazme guisados, para que coma, y te bendiga delante del SEÑOR, antes que muera. 8 Ahora pues, hijo mío, escucha mi voz en lo que te mando: 9 Ve ahora al ganado, y tómame de allí dos cabritos buenas de las cabras, y [yo] haré de ellos guisados para tu padre, como él ama; 10 y tú los llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte. 11 Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo hombre sin pelos; 12 por ventura me tentará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. 13 Y su madre respondió: Hijo mío, sobre mí [sea] tu maldición; solamente obedece mi voz, y ve, y tómalos. 14 Entonces él fue, y [los] tomó, y [los] trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como su padre [los] amaba. 15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor: 16 Y le hizo vestir sobre sus manos y sobre la cerviz donde no tenía pelos, las pieles de los cabritos de las cabras; 17 y dio los guisados y pan que había aderezado, en mano de Jacob su hijo. 18 Y él fue a su padre, y dijo: Padre mío; y él respondió: Heme aquí, ¿quién eres, hijo mío? 19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste; levántate ahora, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma. 20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Qué [es] esto, que tan presto hallaste hijo mío? Y él respondió: Porque el SEÑOR tu Dios hizo que se encontrase delante de mí. 21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, si eres mi hijo Esaú o no. 22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac; y él le palpó, y dijo: La voz [es] la voz de Jacob, mas las manos [son] las manos de Esaú. 23 Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. 24 Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo [soy]. 25 Y dijo: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma; y él [se] la acercó, y comió; le trajo [también] vino, y bebió. 26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. 27 Y él se llegó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que el SEÑOR ha bendecido. 28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. 29 Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti: Sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre; malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren. 30 Y aconteció, luego que hubo Isaac acabado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano vino de su caza. 31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma. 32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién [eres] tú? Y él dijo: Yo [soy] tu hijo, tu primogénito, Esaú. 33 Entonces se estremeció Isaac con grande estremecimiento, y dijo: ¿Quién [es] el que [vino] aquí, que tomó caza, y me trajo, y comí de todo antes que vinieses? Yo le bendije, y será bendito. 34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo a su padre: Bendíceme también a mí, padre mío. 35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. 36 Y él respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces; me tomó mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? 37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí [yo] le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he fortelecido, ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? 38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes [más que] una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. 39 Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; 40 y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; mas habrá tiempo cuando te enseñorees, y descargues su yugo de tu cerviz. 41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y [yo] mataré a Jacob mi hermano. 42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte. 43 Ahora pues, hijo mío, escuche mi voz: levántate, y húye a Labán mi hermano, a Harán. 44 Y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue. 45 Hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y se olvide de lo que le has hecho; [yo] enviaré entonces, y te traeré de allá, ¿por qué seré privada de vosotros ambos en un día? 46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida? CAPÍTULO 28 1 Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. 2 Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma de allí para ti mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. 3 Y el Dios omnipotente te bendiga y te haga fructificar, y te multiplique, hasta venir a ser congregación de pueblos; 4 y te dé la bendición de Abraham, y a tu simiente contigo, para que heredes la tierra de tus peregrinaciones, que Dios dio a Abraham. 5 Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán, hijo de Betuel, [el] arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú. 6 Y vio Esaú como Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había mandado, diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán; 7 y [que] Jacob había escuchado a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram. 8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre; 9 y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalet, hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres. 10 Y salió Jacob de Beerseba, y fue a Harán; 11 y se encontró con un lugar, y durmió allí porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel lugar y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. 12 Y soñó, y he aquí una escalera que estaba [apoyada] en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. 13 Y he aquí, el SEÑOR estaba encima de ella, el cual dijo: Yo [soy] el SEÑOR Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu simiente. 14 Y será tu simiente como el polvo de la tierra, y [te] multiplicarás al occidente, y al oriente, y al aquilón, y al mediodía; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 15 Y he aquí, yo [soy] contigo, y [yo] te guardaré por dondequiera que fueres, y [yo] te volveré a esta tierra; porque no te dejaré hasta tanto que haya hecho lo que te he dicho. 16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente el SEÑOR está en este lugar, y yo no lo sabía. 17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán espantoso es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. 18 Y madrugó Jacob por la mañana, y tomó la piedra que había puesto a su cabecera, y la puso por título, y derramó aceite encima de ella. 19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, bien que Luz [era] el nombre de la ciudad primero. 20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje donde voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, 21 y si tornare en paz a casa de mi padre, el SEÑOR será mi Dios, 22 y esta piedra que he puesto por título, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, la décima [parte] lo he de apartar para ti. CAPÍTULO 29 1 Y alzó Jacob sus pies, y fue a la tierra de los orientales. 2 Y miró, y vio un pozo en el campo; y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él; porque de aquel pozo abrevaban los ganados; y [había] una gran piedra sobre la boca del pozo. 3 Y se juntaban allí todos los rebaños; y revolvían la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevaban las ovejas; y volvían la piedra sobre la boca del pozo a su lugar. 4 Y les dijo Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? Y ellos respondieron: De Harán somos. 5 Y él les dijo: ¿Conocéis a Labán, hijo de Nacor? Y ellos dijeron: Sí, [le] conocemos. 6 Y él les dijo: ¿Tiene paz? Y [ellos] dijeron: Paz; y he aquí Raquel su hija viene con el ganado. 7 Y él dijo: He aquí el día es aún grande; no es tiempo todavía de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentarlas. 8 Y ellos respondieron: No podemos, hasta que se junten todos los rebaños, y remuevan la piedra de sobre la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas. 9 Estando aún él hablando con ellos, Raquel vino con el ganado de su padre, porque ella [era] la pastora. 10 Y sucedió [que], cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, y a las ovejas de Labán, el hermano de su madre, se acercó Jacob, y removió la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevó el ganado de Labán, hermano de su madre. 11 Y Jacob besó a Raquel, y alzó su voz, y lloró. 12 Y Jacob dijo a Raquel como él era hermano de su padre, y como era hijo de Rebeca; y ella corrió, y dio las nuevas a su padre. 13 Y así [que] oyó Labán las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo, y lo abrazó, y lo besó, y lo trajo a su casa; y él contó a Labán todas estas cosas. 14 Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío y carne mía eres. Y estuvo con él un mes de días. 15 Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por ser tú mi hermano, me has de servir de balde? Declárame qué [será] tu salario. 16 Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor [era] Lea, y el nombre de la menor, Raquel. 17 Y los ojos de Lea eran tiernos, pero Raquel [era] de lindo semblante y de hermoso parecer. 18 Y Jacob amó a Raquel, y dijo: [Yo] te serviré siete años por Raquel, tu hija menor. 19 Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; estáte conmigo. 20 Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba. 21 Y dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo es cumplido para que entre a ella. 22 Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. 23 Y sucedió [que] a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo; y [él] entró a ella. 24 Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea [por] criada. 25 Y venida la mañana, he aquí que era Lea; y él dijo a Labán: ¿Qué [es] esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? 26 Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. 27 Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hicieres conmigo otros siete años. 28 E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquella; y él le dio a Raquel su hija por mujer. 29 Y dio Labán a Raquel su hija por criada a su sierva Bilha. 30 Y entró también a Raquel; y la amó también más que a Lea; y sirvió con él aún otros siete años. 31 Y vio el SEÑOR que Lea era aborrecida, y abrió su matriz; pero Raquel era estéril. 32 Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Porque vio el SEÑOR mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido. 33 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto oyó el SEÑOR que yo era aborrecida, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón. 34 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez será juntado mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos: por tanto, llamó su nombre Leví. 35 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré al SEÑOR; por esto llamó su nombre Judá; y dejó de dar a luz. CAPÍTULO 30 1 Y viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, yo [soy] muerta. 2 Y Jacob se enojaba contra Raquel, y decía: ¿[Soy] yo en lugar de Dios, que te impidió el fruto de tu vientre? 3 Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; entra a ella, y dará a luz sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella. 4 Así le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob entró a ella. 5 Y concibió Bilha, y dio a luz un hijo a Jacob. 6 Y dijo Raquel: Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y me dio un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan. 7 Y concibió otra vez Bilha, la sierva de Raquel, y dio a luz el hijo segundo a Jacob. 8 Y dijo Raquel: Con luchas de Dios he luchado con mi hermana, y he vencido. Y llamó su nombre Neftalí. 9 Y viendo Lea que había dejado de dar a luz, tomó a Zilpa su sierva, y la dio a Jacob por mujer. 10 Y Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un hijo a Jacob. 11 Y dijo Lea: Vino la [buena] ventura. Y llamó su nombre Gad. 12 Y Zilpa, la sierva de Lea, dio a luz otro hijo a Jacob. 13 Y dijo Lea: Para hacerme bienaventurada; porque las mujeres me dirán bienaventurada; y llamó su nombre Aser. 14 Y fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a Lea su madre; y dijo Raquel a Lea: Te ruego que me des de las mandrágoras de tu hijo. 15 Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo. 16 Y cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo: A mí has de entrar, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche. 17 Y oyó Dios a Lea; y concibió, y dio a luz el quinto hijo a Jacob. 18 Y dijo Lea: Dios me ha dado mi salario, por cuanto di mi sierva a mi marido; por eso llamó su nombre Isacar. 19 Y concibió Lea otra vez, y dio a luz el sexto hijo a Jacob. 20 Y dijo Lea: Dios me ha dado buena dádiva; ahora morará conmigo mi marido, porque le he dado a luz seis hijos; y llamó su nombre Zabulón. 21 Y después dio a luz una hija, y llamó su nombre Dina. 22 Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y abrió su matriz. 23 Y concibió, y dio a luz un hijo; y dijo: Dios ha quitado mi vergüenza; 24 y llamó su nombre José, diciendo: Añádame el SEÑOR otro hijo. 25 Y aconteció, cuando Raquel dio a luz a José, que Jacob dijo a Labán: Envíame, e iré a mi lugar, y a mi tierra. 26 Dame mis mujeres y mis hijos, por las cuales he servido contigo, porque tú sabes el servicio que te he hecho. 27 Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos, he experimentado que el SEÑOR me ha bendecido por tu causa. 28 Y dijo: Señálame tu salario, que [yo] lo daré. 29 Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cuánto ha sido tu ganado conmigo; 30 porque poco tenías antes de mi [venida], y ha crecido en multitud; y el SEÑOR te ha bendecido con mi entrada; y ahora ¿cuándo tengo de hacer yo también por mi propia casa? 31 Y él dijo: ¿Qué te daré? Respondió Jacob: No me des nada; si hicieres por mí esto, volveré a apacentar tus ovejas. 32 Yo pasaré hoy por todas tus ovejas, poniendo aparte toda oveja pintada y manchada, y todo carnero bermejo entre los carneros, y lo pintado y manchado entre las cabras; y esto será mi salario. 33 Así responderá por mí mi justicia mañana cuando me viniere mi salario delante de ti; todo lo que no fuere pintado ni manchado en las cabras y bermejo en las ovejas [mías], se me ha de tener por de hurto. 34 Y dijo Labán: Mira, Deseo que fuese como tú dices. 35 Y apartó [Labán] aquel día los machos cabríos cinchados y manchados; y todas las cabras pintadas y manchadas, y todo lo que tenía [en sí] algo de blanco, y todo lo bermejo entre las ovejas, y las puso en la mano de sus hijos; 36 y puso tres días de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba las otras ovejas de Labán. 37 Luego tomó Jacob varas de álamo verdes, y de almendro, y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo [así] lo blanco de las varas. 38 Y puso las varas que había mondado en las pilas, en los abrevaderos del agua donde las ovejas venían a beber, delante de las ovejas, las cuales se calentaban viniendo a beber. 39 Y concebían las ovejas delante de las varas, y parían borregos cinchados, pintados y manchados. 40 Y apartaba Jacob los corderos, y los ponía con su rebaño, los cinchados, y todo lo que [era] bermejo en el hato de Labán. Y ponía su hato aparte, y no lo ponía con las ovejas de Labán. 41 Y sucedía que cuantas veces se calentaban las tempranas, Jacob ponía las varas delante de las ovejas en las pilas, para que concibiesen delante de las varas. 42 Y cuando venían las ovejas tardías, no l